Rosa María Mujica
Toda mi vida he luchado por la estabilidad laboral, porque creo que es un derecho humano fundamental el tener una mínima seguridad en la vida que nos permita dar lo mejor de nosotros mismos en nuestros trabajos y proyectarnos al futuro con confianza.
Sin embargo, en los últimos años y a partir de mi experiencia de recorrer escuelas en este país nuestro, no dejo de constatar que, desgraciadamente, el nombramiento –para muchos profesores- se ha convertido en impunidad. Me ha sido frecuente encontrarme con profesores que han entendido que ser nombrado es como adquirir un título de propiedad privada sobre su puesto y que, haga lo que haga, el puesto será siempre suyo. Me ha pasado, incluso, que al enfrentarme a maestros irresponsables que faltan mucho a sus clases, o que maltratan a los niños, o que simplemente no enseñan nada, y sus alumnos –por tanto- no aprenden nada con él, me digan “denúnciame, pues, a ver quién gana, porque yo soy nombrado”.
Creo que nos hemos olvidado que la razón de ser de un centro educativo son los niños y las niñas y que los profesores están en función de ellos, que su misión y su tarea es ayudarlos, acompañarlos en sus propios procesos de desarrollo humano integral y generar aprendizajes significativos para sus vidas. Por el contrario, hemos convertido a los docentes en el centro y, al hacerlo, el verdadero sujeto del derecho a la educación ha sido dejado de lado, con el riesgo de expropiarle este derecho ya que el sistema educativo les impone un docente, sin importar su calificación profesional ni su calidad humana. Los niños y las niñas se ven así expuestos a malos docentes, abusadores, irresponsables, incapaces de ejercer tan importante trabajo con seriedad y compromiso, sin vocación y, muchas veces, con problemas emocionales evidentes.
¿Qué hacemos entonces?, ¿cómo defendemos el derecho a la estabilidad que tienen los profesores con el derecho a una buena educación, a una educación de calidad, que tienen los niños y las niñas?; ¿cómo proteger a los buenos profesores- y en este recorrido he encontrado también profesores maravillosos- que se merecen todos los honores y reconocimientos en un sistema administrativo que no hace diferencias y que los trata igual que a los mediocres o a los malos docentes ya que no se estimula ni el compromiso, ni la responsabilidad, ni los resultados?
Pienso que hay que encontrar la fórmula mágica que nos permita desentrampar este nudo. Creo que hay que estructurar un sistema que señale algo así como “La estabilidad laboral existe, el puesto te pertenece, mientras demuestres resultados en tus niños y niñas, si no lo haces tendremos que nombrar a otro en tu puesto, los niños no pueden esperar”.
Sabemos que una medida así no gustará, de manera especial a los mediocres y a aquellos que se han escondido detrás de la estabilidad absoluta para hacer lo que les da la gana, y que han contribuido con esta conducta a desprestigiar la carrera docente y a sumergir la educación en la profunda crisis que estamos viviendo, pero creemos que es momento de defender el derecho de nuestros chicos y chicas a recibir una educación de calidad, a ser acompañados en sus procesos de desarrollo y aprendizajes, a ser tratados con cariño y con respeto. Por otro lado, hay que responder también a la demanda de nuestro país que, para crecer y desarrollarse, necesita contar con ciudadanos y ciudadanas éticas y democráticas, comprometidos con el país y su futuro, y esa tarea también le toca a la escuela, la que, junto con otras instituciones, deben asumir este desafío.
¿Quién le pone el cascabel al gato?



